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IPR - Mis queridos compañeros - Cena de febrero de 2016


Lahitte, Pittaluga, Di Martino, D'Ambra, Ahrtz, Fossati, Calcagno, Cacace y Lamacchia.

Instituto Peralta Ramos - Mar del Plata - 1950-1961
La foto: cena de compañeros realizada el viernes 12/2/2016 en la sede de Exalumnos.



El Wincofón y los discos de pasta


La publicidad en la TV blanco y negro nos mostraba una fiesta juvenil interrumpida por un corte inesperado de energía eléctrica. Todo estaba oscuro y triste, y en la penumbra se veían los rostros desconsolados de muchachos con pantalones oxford y chicas con su cabello endurecido por el spray. Eran los años 50 ó 60.
De pronto, la luz se enciende, todos sonríen un uno de ellos dice:"¡Volvió la luz! ¡Ya anda el Wincofón!".

El Wincofón. Una marca registrada de una época en la que los discos, primero de pasta y luego de vinilo, marcaban, junto al cine hollywoodense, características fundamentales de esos años felices.

En casa teníamos un "tocadiscos" idéntico al Winco pero de otra marca. Recuerdo que me habían dicho que era un convenio que entre los dueños originales habían hecho cuando se separaron: ambos podrían seguir fabricando el producto. Creo que el nuestro se llamaba "IMEfón" o algo así.

Apenas mi padre compró el aparato, mi madre fue a un negocio a la vuelta de casa y adquirió "de una" cuarenta álbumes cada uno conteniendo 10 discos comunes y tres o cuatro álbumes más con los "long plays" de aquella época, discos similares pero de mayor diámetro y, por tanto, mayor duración.

De pronto, mi casa se llenó de D'Arienzo, Lolita Torres, Antonio Tormo, Bill Halley, Troilo, Gardel, Gagliardi, Lily Pons, los Chalchaleros, y muchos más. Y se hizo del living algo así como una fuente de música que parecía inagotable.

El Winco, que no era Winco pero que era como si lo fuera, tomó la jerarquía de punto central de mi hogar. Y podíamos poner unos cuantos discos porque era automático y, colocando varios sobre el eje, "caían solos".

En cada hogar había uno. Batió récords de venta y todavía recuerdo cuando pasó el aparato "un millón" que la gente había comprado. ¡Y seguía comprando!.

Cuando años más tarde llegó la televisión a casa, mi mente creadora hizo caso omiso de los gritos de mi madres y planificó un "combo" uniendo la radio de la cocina con el Winco y con los parlantes del nuevo aparato. De ese modo, mi madre esperaba en la cocina hasta que por la radio se podía oír que comenzaba "El amor tiene cara de mujer" e ir a verlo sentada en el comedor. O ponía algo en el tocadiscos y lo escuchaba en la cocina por la radio, o por los parlantes del televisor.

Y una vez conecté el teléfono al tocadiscos y entonces nos reuníamos para hablar con alguien utilizando el amplificador que nos permitía que todos oyéramos la voz del que estaba del otro lado de la línea.

Eso me permitía vengarme de los que me decían: "Pero ése no es Winco... es de otra marca...", porque se sentían apabullados por el despliegue electrónico que los recibía en casa desde que entraban por la cocina, con la música en la radio, los seguía al living con el tocadiscos y los arrojaba en el comedor con los mismos sonidos saliendo por el televisor.

En tus años de niño y de joven, ¿tenías un Wincofón?

Daniel Aníbal Galatro
danielgalatro@gmail.com
2/1/2013

Yo vi nacer "Los Acantilados"


Cerca, muy cerca de Mar del Plata, apenas pasado el Faro de Punta Mogotes, cuando yo era chico - lo que no es poco decir - vi nacer poco a poco nuevos asentamientos que seguramente han crecido mucho con el tiempo.

Entre ellos, la zona que rodeaba un magnífico hotel llamado "El Castillo", un Barrio Parque para el que un "turco" llamado Farhat soñó y comenzó a ejecutar un destino muy especial. Ese hombre tenía una oficina inmobiliaria en el centro de "la Feliz" desde el que se vislumbraba el futuro en lo que recuerdo era una "maquette" que se veía a través de la vidriera.

Y el destino, siempre el destino, hizo que mi padre con su empresa constructora "Joaquín A. Galatro SRL" fuera convocado a construir los primeros chalets. Así que varios años de mi infancia tuvieron mucho que ver con ese barrio naciente y con la gente que tuvo la dicha de tener su casita de verano allí.

Mi amigo de la infancia y la juventud Tito Fossati, reaparecido milagrosamente en mi vida hace muy pocas semanas gracias al Facebook y a los mails, me hizo recordar ese barrio al mencionar la Capilla que también construyó mi padre casi al tiempo de mi traslado a La Plata para estudiar en la Facultad.

De pronto, una cascada de recuerdos, algunos muy vívidos y claros, otros pugnando por asomar como si sintieran que el tiempo que me queda pudiese dejarlos fuera, se dejó caer desde un lugar desconocido de mi memoria con una fuerza insospechada.

Las imágenes de los Portioli, los Ciaschi, los Limongi fueron las primeras en llegarme, combinadas con la de mi compañero Pérez cuyo padre era ¿casualmente? el dueño o administrador del hotel citado. Sus rostros, anécdotas de mis días en el parque mientras se hacía su chalet primero y luego cuando ya pasaban sus veranos allí y nosotros (mi padre, mi madre y yo) éramos frecuentes invitados a compartir alguna comida (por ejemplo, los maravillosos cappelletis de Lina) para antes y después, larga escalera de piedra mediante, disfrutar la playa enorme con el mar al frente y las altísimas rocas detrás.

Cada nombre que mencioné abre capítulos de mi historia personal que tenía guardados desde hace décadas y que ocasionalmente mencionaba como de paso. El día que mi padre me robó su auto para enseñarme que yo no era tan "vivo" como para cuidarlo si dejaba las llaves puestas y me quedaba conversando en alguna casa. O cuando se lo dejé manejar a Bruno, un muchacho italiano amigo de los Portioli, que era algo sordo pero, lo que es más grave, lo condujo con ojotas, una de las cuales se enganchó bajo el acelerador y casi nos matamos.

Ya iré desgranando recuerdos de este nuevo racimo. Después de casarme regresé por allí y todo era mucho más deslumbrante, con centenares de casas, con un Golf Club que ya es famoso.

Será una excusa más para mantener estos diálogos que van tejiendo lazos entre nosotros y afirmando "amistades" virtuales que el tiempo hará, en muchos casos, amistades (sin comillas).

Hasta la próxima
Daniel Aníbal Galatro
danielgalatro@gmail.com
Esquel - Chubut