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La gloria de Ricardo Fort



De pronto llegó la noticia: "Esta madrugada, a eso de las cinco, murió Ricardo Fort".

Quizá no sepas, quizá sí, quién era ese ser humano cuya vida terminó un 25 de noviembre luego de tiempos penosos de sufrimiento sazonados con escasos toques de felicidad. Penosos y profundos los dolores, escasa y profunda la felicidad.

Alguien que llenó sus falencias espirituales con amores y fidelidades compradas con dinero. Pero que supo ganarse el afecto verdadero de unos pocos cercanos conocidos y de unos muchos lejanos desconocidos, a fuerza de mostrarse, tal vez sin quererlo, como el ser sensible que era.

Y el día de su muerte alcanzó eso que buscaba desesperadamente: ser la noticia del día en la televisión, en las radios, en los diarios, en las redes sociales. Porque ese 25 de noviembre de 2013 todos hablaron de él. O más bien, del Ricardo Fort que él inventó para alcanzar ese objetivo, sin lograrlo en la medida de lo deseado hasta esa madrugada, a eso de las cinco, cuando su corazón se detuvo para siempre.

Amanecía en este lugar del mundo cuando al mismo tiempo se iban iluminando con la luz de su nombre los rincones de la noticia. Sin que fuera merced a algún éxito notorio en el espectáculo como él procuraba desde siempre lograr.

Enrique Larreta, un notable escritor argentino que muy pocos de sus compatriotas solemos recordar, escribió una obra que muy pocos de sus compatriotas hemos leído. Y terminó su novela con unas palabras que me permito parafrasear, a modo de despedida de este buscador de reconocimiento que tal vez presintió que lo alcanzaría con este telón final.

"El alba aclaraba apenas la sala de terapia intensiva con lívidos resplandores que bajaban de las ventanas, y la tenue iluminación artificial se rasgaba por instantes, como si los ángeles volasen en la penumbra.

Su mejor amigo se abrazaba a su cuerpo yerto movido por el gran amor que los ligaba desde muchos años atrás. Un par de familiares, seguramente incapaces de sentir o de manifestar tal afecto, se preocupaba por disponer de esos restos de modo adecuado para no violar supuestas reglas sociales. Por fuera de esas paredes, decenas de periodistas se afanaban por hacer llegar al país las informaciones sobre la muerte de quien hoy sería el principal protagonista de las noticias.

En algún rincón de su casa, quizá humilde y sencilla, alguien absolutamente sencillo y desconocido, herido por la mala nueva, se arrodilló piadosamente, y murmuró una plegaria por el alma de aquel muerto.

Y ésta fue la gloria de Ricardo Fort."

Daniel Anibal Galatro
danielgalatro@gmail.com
Esquel - Chubut - Argentina
25 de Noviembre de 2013
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http://elportaldeolgaydaniel.blogspot.com.ar/

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