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El Papa lanza a las calles un gigantesco ejército de paz


Desde la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, que hoy fue la capital del mundo católico, el obispo de Roma y Jefe Espiritual de una iglesia que cuenta con 1.200 millones de fieles en todo el mundo, el Papa Francisco I lanzó una campaña de evangelización activa con protagonismo determinante de los jóvenes.

Una semana que conmovió seguramente no sólo a los seguidores de esa doctrina que nació hace más de 20 siglos sino a muchos de otras creencias e incluso ateos que se acercaron a través de los medios de comunicación tradicionales y los más modernos, porque una manifestación de varios millones de participantes no puede dejar de impresionar a todos, se cerró con múltiples demostraciones que parecen asegurar que a partir de hoy algo ha cambiado en el mundo.

No solamente estos jóvenes llegados de los cinco continentes regresan a sus hogares luego de haber vivido activamente un evento significativo para su historia personal sino que muchos otros que no estuvieron presentes recibieron un mensaje quizá tan fuerte como el que puede leerse en el Evangelio de Mateo 28:19-20 (Reina-Valera 1960 (RVR1960): "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén."

El siglo XX fue, quizá, uno de los más lamentables de la Historia por mostrar las facetas humanas más repudiables que condujeron a crímenes tan monstruosos como las guerras mundiales y las luchas por el predominio de los poderosos (los menos) sobre los humildes (los más). Creció desmesuradamente la ciencia y nació la tecnología pero su balance fue negativo pues perfeccionó los instrumentos de destrucción por encima de los que debían asegurar el bienestar de la Humanidad.

Hoy se alzan voces cada vez más potentes buscando que este nuevo siglo marque el avance de otras formas de sociedad humana más justas, basadas en recuperar los valores que se sustentan en poner en lugar de privilegio el valor de la vida humana, en cuerpo y espíritu, por encima de intereses políticos y económicos que desviaron la mirada hacia objetivos más alejados de lo ético y lo moral.

Y sigo sosteniendo que esa forma de vida que conocemos como socialismo avanzará naturalmente como medio de dar mejores oportunidades a la especie humana para permanecer en el planeta. Pero no me refiero al "Socialismo" como lo hemos conocido hasta hoy sino al que surge de la valorización del individuo para que el hombre vuelva a ser la medida de todas las cosas materiales en el planeta. El socialismo del que hablo es el que está implícito en la esencia humana compartiendo espacio con la maldad, la ambición y otras desvirtudes que bien conocemos.

El socialismo que se replantea en estos días quizá se vea reflejado en algunas de las célebres "Bienaventuranzas" con que comienza Jesús de Nazaret el sermón del monte, en los fundamentos de muchas otras creencias y en el pensamiento de los que llamamos "hombres de buena voluntad", sean creyentes o ateos.

Hoy un hombre de pueblo que llegó a ocupar un sitial más que destacado, intentó poner en marcha una nueva campaña, la más fuerte de los últimos tiempos, por dar nueva vida a un pensamiento que pareció siempre tener más de utopía que de posibilidad concreta. Luchando desde su lugar para hacer menos visible la evidencia del doble discurso en el cual la estructura propia de la Iglesia que preside se debate. En la playa de Copacabana no se mostraban todos como iguales. Una notable diferencia entre su estructura jerárquica formada por el propio Francisco, sus obispos y sacerdotes, y el pueblo común integrado mayoritariamente por jóvenes, marcaba que era por estos tiempos lo mejor que se podía lograr.

Pero el Papa supo aprovechar al máximo esa quizá mágica quizá milagrosa relación que tiene con una gran parte de ambos mundos para demostrar con gestos claros cuál es el objetivo que persigue. Y esos "deslices" mostraron sus ideas no lejanas al socialismo ateo tradicional, procurando dar vigor a un naciente socialismo creyente.

No será fácil para él ni para quienes se sumen a esta nueva evangelización. Tendrán como opositores a los miembros de su Iglesia demasiado vinculados a ese capitalismo que siempre tuvo su no siempre disimulada protección. La exaltación de la pobreza franciscana no es bienvenida por todos y los que prefieren la situación actual harán lo posible por poner trabas a su andar.

Es por eso que Francisco, que intentará seguir siendo el Jorge Bergoglio que iba a compartir unos mates con la gente de la villa, tendrá que realizar cambios profundos para que su iglesia perdure en estos tiempos. Y, como no puede hacerlo solo, lanza a las calles del mundo un ejército joven, aún poco o nada contaminado con residuos importantes de otras formas de pensar.

Ahora "la villa" son múltiples rincones del mundo en los que multitud de personas, la mayoría, viven en la pobreza, sometidos a un poder que les absorbe la propia existencia a través de la contaminación del planeta, la explotación de muchos por unos pocos, el hambre, la ignorancia, la enfermedad...

El tiempo dirá muchas cosas. En cuatro años más, sea o no el mismo Francisco que los despidió hoy quien los recibe en Cracovia, podrá verse si los jóvenes a los que impulsó a salir a las calles y "hacer lío" para cambiar el mundo han logrado en ese período el efecto positivo esperado.

Cuatro años es mucho tiempo o demasiado poco, según se lo considere. Y es también el plazo que posibilitará ver en cuánto se ha continuado debilitando el aún poderoso capitalismo frente al esperado avance del socialismo pragmático que deberá ir creciendo para reducir inequidades, esto es, para que lo que hoy sigue siendo considerado "Tercer Mundo" frente a un agonizante "Primer Mundo" se convierta un poco más en el esperado "Único Mundo" que sigue siendo una meta aún lejana en nuestro horizonte.

Daniel Aníbal Galatro
Esquel - Chubut - Argentina
danielgalatro@gmail.com
28 de Julio de 2013
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